Miércoles, 14 Marzo 2018 11:21

5 momentos históricos del ciclismo colombiano

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El ciclismo colombiano vive un momento histórico. Los nombres de nuestros ciclistas imponen respeto y son claros líderes de los equipos más importantes del World Tour: Movistar, Astana, Orica, Sky, entre otros, suman un grupo de colombianos que no sólo se destacan en la montaña y la pista, también en otras modalidades. En Rueda Seguro resaltamos estos 5 momentos históricos de nuestro ciclismo:

 

  • Martín Emilio ´Chochise` Rodríguez, el aficionado.

En la madrugada del viernes 27 de agosto de 1971, la página de deportes de El Tiempo titulaba “Hoy es la carrera Cochise”. Esa mañana muchos colombianos estaban atentos, pegados a la emisora, escuchando a Alberto Piedrahita Pacheco narrar la carrera para saber el resultado. Era la primera vez que un colombiano llegaba a la final de la persecución individual.

Al otro lado del mar, en Varese, Italia, Cochise estaba nervioso. A él no le importaba el récord mundial ni sacarle ventaja al experimentado suizo Josef Fuchs, uno de los mejores en esa modalidad. A Cochise sólo le interesaba obtener la medalla, así fuera por un segundo. El antioqueño ya había ganado, un año atrás, el récord Mundial de la Hora para aficionados, en el velódromo Agustín Melgar en Ciudad de México, pero ningún ciclista latinoamericano había sido campeón mundial en la modalidad de persecución. ¡Era su momento!

Y Cochise hizo historia. Fue el primer campeón de este lado del mar en esa modalidad. Cuando terminó la carrera, Piedrahita Pacheco lo puso en línea con Misael Pastrana, el entonces presidente del país y éste lo felicitó en nombre de todos los colombianos. Aquel día en Italia Chochise le confirmó al mundo que él ya no era un aficionado, que estaba para más, que él aún no quería regresar a su país, a Guayabal, en Medellín, que su nombre estaba para hacerse grande en el ciclismo mundial. ¡Así lo hizo! Aquel 27 de agosto de 1971, Martín Emilio ´Cochise` Rodríguez elevó al profesionalismo el ciclismo colombiano.

 

  • El rastro de sangre en Saint-Étienne

La noche anterior al ascenso a Saint-Etienne, Lucho Herrera le dijo a Carlos Osorio, su médico, que se iba a guardar para el último ascenso y que esperaba llegar con más de un minuto de distancia. Si lo cumplía seguro ganaba la etapa. La charla se dio mientras le trataba una tendinitis en el tobillo derecho.

El sábado 13 de julio de 1985, Lucho Herrera comenzó la etapa 14, de 179 kilómetros con final en alto, sin saber que cambiaría su vida para siempre. En aquel pelotón también partieron Perico Delgado, "Greg" LeMond, Laurent Fignon y el líder Bernard Hinault, los favoritos de aquel Tour de Francia. Lucho, para esa etapa, salía con la maillot que lo identificaba como líder de montaña.

Faltando 18 kilómetros para la meta, en la zona de alimentación, el ‘Jardinerito de Fusagasugá’ atacó a Hinault y logró tomar ventaja. Esos últimos 18 kilómetros los hizo sin abastecerse.  Cruzó el puerto de segunda categoría y comenzó el descenso que lo llevaría a la meta. Había cumplido su objetivo, el grupo perseguidor estaba a poco más de un minuto. Lucho, que era experto subiendo sobre la bicicleta, debía defender esa ventaja en el descenso y él se empleaba a fondo.

A 5 kms de meta, por esquivar una mancha de aceite, Lucho se fue al suelo. En ese momento la cámara no lo seguía, desde el helicóptero se hacían tomas para mostrar la diferencia que había entre él y el grupo del líder del Tour, cuando regresó la pantalla a él, ya tenía sangre sobre su rostro. 16 segundos le recortó Hinault, sólo 16 segundos le tomó a Herrera levantarse del piso, montarse de nuevo en la bicicleta y seguir su camino a la victoria de etapa. Sólo cuando vio sobre el marco de su bicicleta amarilla unas gotas de sangre entendió que no era sudor lo que corría por su rostro.

Lucho ganó esa etapa. Pasaron más de 4 horas para consagrarse en el Tour de Francia y para ponerle foto a la carátula del libro de la historia del ciclismo colombiano.

 

  • El colombiano que venció a Lance Armstrong

En el año 2002, Lance Armstrong ganó su cuarto Tour de Francia. Era el mejor ciclista del mundo y en el Tour su rivalidad era con el alemán Jan Ullrich y el italiano Marco Pantani; esos eran los 3 corredores a vencer en las grandes vueltas, todos sabían lo que era ganar, todos tenían poderosos equipos, todos eran los capo de escuadra.

Armstrong no sólo se defendía bien en la montaña, también era un especialista en la contrarreloj y ahí le sacaba grandes ventajas a sus rivales. El US Postal Service, su equipo, lo había rodeado de los mejores, como si le hiciera falta. En suelo francés ya estaban un poco agotado de verlo ganar con tanta facilidad.

El lunes 15 de julio de 2002 se corría la contrarreloj individual de 52 kms entre Lanester y Lorient, el ciclista estadounidense aún no era el líder de la general y todos esperaban el tiempo que iba a marcar en aquella prueba y, daban por hecho, que terminaría con la camiseta amarilla. Sus tiempos eran perfectos. Sus piernas comenzaron a demoler kilómetros y sus parciales asustaban a los demás competidores.

Poco después de Armstrong, la camiseta verde del equipo español Kelme salió a escena y sobre la bicicleta estaba Santiago Botero, el paisa, que ya había ganado un año tras una etapa del Tour y había quedado tercero en el Campeonato Mundial de Contrarreloj. Botero comenzó a igualar los tiempos de Armstrong, en todos los parcialesal campeón del Tour. Su técnico, el ex ciclista Vicente Belda, lo animaba por el pinganillo y le exigía un último esfuerzo. Los franceses, que sabían el resultado, alentaban al colombiano. “Era un sueño ganar. Es la victoria más importante de mi carrera”, dijo después Santiago cuando arribó a la meta y lo esperaba un trago de champaña. Le sacó 8 segundos al mejor ciclista del momento, al 3 veces campeón del Tour, al especialista en contrarreloj. Dos horas, dos minutos y 18 segundos fue el tiempo que marcó y, por un día, el mundo vio a Armstrong en el segundo lugar detrás de un colombiano.

2002 fue un año de ensueño para Santiago Botero, quedó 4to en el Tour y ganó el Mundial de Contrarreloj, fundido en su camiseta amarilla con la palabra Colombia sobre sus hombros. En ese 2002 Botero entró a la historia del ciclismo mundial.

 

  • Un oro tatuado en la piel del BMX

Apenas en 2008 el BMX fue considerado un deporte Olímpico. Ese mismo año, en Beijing, China, rodó por primera vez en unos juegos olímpicos una bicicleta de BMX, no era la de Mariana, la mejor del mundo por su palmarés. Ella no pudo participar en aquella cita histórica por la edad, pero ya era tan importante para la modalidad que el Comité Olímpico la invitó a vivir durante dos semanas los juegos, a recorrer los escenarios deportivos y, por supuesto, a conocer la pista.

De regreso de Beijing, Mariana se tatuó los cinco anillos olímpicos en su brazo. Se había obsesionado con una medalla de oro en el certamen deportivo más importante de todos los tiempos.

No desesperó. De 2008 a 2012 aumentó su palmarés. Ratificó que era la mejor del mundo y que no tenía rival en su categoría. El mundo del BMX hablaba de la explosividad de su arranque y la valentía para levantar su pequeña bici cuando la pista lo exigía. Los olimpicos de Londres 2012 comenzaron bien para Colombia, Rigoberto casi gana medalla de oro de ruta, la primera prueba, un ingenuo descuido le arrebató la gloria. Colombia ya sabía lo que significaba ganar una medalla de oro, María Isabel Urrutia, en Sidney 2000, le había mostrado al país que era posible.

El viernes 10 de agosto de 2012, bajo un cielo despejado en Londres, la misma Londres que había sido bombardeada por Hitler, capital del Reino Unido, el epicentro del rock, Mariana Pajón ganó el segundo oro en toda la historia del deporte olímpico colombiano; el único oro del 2012 para el país y el primero para el ciclismo latinoamericano. ‘¡Dios salve a la reina…!’, decía el locutor y durante esos 50 segundos que duró la carrera el país se frenó, respiró, olvidó sus días de guerra y celebró un triunfo histórico de una de las deportistas más completas que ha nacido en estas tierras.   

 

  • De Cómbita, Boyacá, para el mundo

El 20 de julio de 2013 la voz de Goga Ruiz se quebró durante la narración: “...qué más se le puede pedir a un muchacho de 23 años: Nairo Quintana gana la etapa, Nairo Quintana es campeón de la montaña, Nairo Quintana es campeón de los jóvenes, Nairo Quintana es subcampeón del Tour de Francia”. La voz del mexicano no aguantó el nudo en la garganta y su llanto era acompañado por la alegría de millones de colombianos que veían el nacimiento de un nuevo ídolo.

Al Tour del 2013 Nairo llegaba como gregario de Alejandro Valverde. Quintana llegaba con un palmarés importante en competiciones previas, pero su lugar dentro del Movistar era acompañar a Valverde en las subidas, cuidar a su líder. ¡Pero su líder se cortó! En la etapa 13 de aquel Tour el español perdió tiempo producto de unas averías mecánicas y el joven colombiano quedaba como el corredor mejor ubicado de su equipo en la general.

“¿Cómo te sientes?”, le preguntó Eusebio Unzué, su director deportivo, al desconocido Nairo. “Vamos, yo puedo, las piernas me responden”, contestó el de Cómbita. Ese día Quintana se convirtió en el jefe de filas de uno de los mejores equipos del mundo, el mismo equipo que había cobijado a Miguel Induráin. La responsabilidad no le pesó.

Al día siguiente la llegada era al Alpe d'Huez, una de las míticas cimas del ciclismo; a Nairo no le pesó la responsabilidad y llegó segundo en esa etapa, por encima de Froome, de Purito, de Porte, de Aru, de Nibali, de Contador. El boyacense se ubicó 3ro en la general a sólo 19 segundos del número dos.

La etapa 20° de esa edición 100 del Tour, le guardaba su lugarcito a Quintana. Era 20 de julio, día de la independencia de Colombia y consiguió su primera victoria en el Tour de Francia en una etapa de alta montaña con llegada a un puerto de categoría especial en Annecy (Le Semnoz).

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